lunes 6 de julio de 2009

Riquelme, el crack, VS Riquelme, el conflictivo.

Para descifrar a Juan Román Riquelme hay que saber algo: no hay un solo Riquelme, hay dos. Uno, es el que juega al fútbol, el del caño a Yepes, el del golazo contra Brasil y el que con un pase rompe una línea defensiva. El otro, el jugador conflictivo, apagado en la cancha, de muy poco compañerismo. Este último es el que se instaló desde el año pasado y que, por segunda vez, renunció a jugar con la camiseta más preciada, la de la Selección argentina.
“Sé que a todo el mundo no le puede gustar mi juego. Pero no me importa lo que digan los demás. Por eso yo no voy a cambiar nunca mi manera de jugar.No necesito tirarme al piso para jugar”, anticipaba Riquelme -con una precisión asombrosa- la esencia de su carrera, en 1997. Siempre dividió aguas, dentro pero también fuera del césped. Están sus fieles escuderos, que le perdonan todo, y sus detractores, que no ven nada bueno en él. Parece que no haber lugar para los tibios, para grises.
El Román futbolista nació un 10 de noviembre de 1996, en La Bombonera. Boca jugaba mal, entró el jugador formado en Argentinos y el equipo (dirigido por Carlos Bilardo) le ganó 2-0 a Unión, de Santa Fe. Ese día fue el primer beso del amor con la hinchada: fue figura y se fue ovacionado de la cancha.
Un año más tarde, se inició en la Selección argentina, con uno de sus técnicos “preferidos”, José Pekerman. Juntos formaron aquel Sub 20 que brilló en el Mundial de Malasia. Luego, fue convocado por Daniel Passarella y debutó en la mayor, contra Colombia, en el mismo estadio Alberto J. Armando. Entró por Marcelo Gallardo y jugó 10 minutos.
En el club de la Ribera hubo un cambio: se fue Bilardo y entró Héctor Veira. El nuevo DT no lo tenía al jugador es sus planes. A pesar de ello, bajo el mando del Bambino hubo un hecho que marcó su trayectoria: el 25 de octubre de 1997, Maradona jugó su último partido profesional, en un superclásico. Diego se fue reemplazado. Boca perdía y terminó arriba 2-1. ¿Quién entró por el “10”? Un tal Riquelme, con el que sólo coincidieron en un partido.
En 1998, Pekerman volvió a confiar en él y lo convocó para el torneo Sub 21 Esperanzas de Toulon, donde fue elegido mejor jugador. Ese mismo año, inició otro de sus grandes clásicos: las peleas con Mauricio Macri. Aquella vez, por un conflicto salarial. “Que Macri no me mienta”, lanzó contra el presidente de Boca, negando haber recibido un aumento de sueldo. El jugador aseguraba que seguía cobrando 1500 dólares por mes, el presidente de Boca sostenía que eran 5000 (como más tarde demostró el diario Olé). Comenzaba a surgir el Riquelme de los conflictos.
En junio de 1998, hubo otro cambio de técnicos. Carlos Bianchi, llego en junio, le dio la camiseta número 10 a Riquelme y despertó su mejor versión futbolística. Juntos abrieron la etapa más exitosa del club. Román fue a
la Copa América del 99 pero
Marcelo Bielsa no lo tuvo en cuenta el resto de su ciclo.
La dinámica del enganche
no se le servía para su
equipo.
El 10 de noviembre de 2001, otra vez el camino de Riquelme y el de Maradona
se cruzaron, en el partido despedida a Diego, al que nadie quería faltar –¡Si hasta a Bielsa se le escapó una sonrisa!-. El homenajeado dejó una frase para los libros del fútbol, envuelto en la camiseta número 10 de Boca, la de Román. “La pelota no se mancha”, dijo el astro, mientras brotaban las lágrimas y los aplausos de todos. Ocho años después, la misma Bombonera que lo ovacionaba se pronunció a favor de Riquelme, tras su cortocircuito con el DT de la Selección. Un drama digno de una película de Hollywood.
Román tuvo sus años más felices en su primer periodo en el club de la ribera. Ganó todo lo que pudo, torneos locales, Libertadores e Intercontinental. El jugador fantástico. Pero por detrás crecía el otro: el de las disputas con Macri -Topo Gigio incluido en un superclásico- por los valores de sus contratos y porque quería irse a Europa.
En 2002, lo consiguió y se fue a Barcelona. Se dudaba de su adaptación al estilo europeo. Pagó el cambio. El técnico Louis Van Gaal no lo tenía en los planes y se pelearon. El holandés descargó: “Mi equipo, por culpa de Riquelme, no jugaba con 11; jugaba con 10”. En defensa del argentino, aquel Barsa (con muchos holandeses) jugaba mal y no ganó un título en años. Se fue Van Gaal y llegó Radomir Antic. El serbio también cargó contra el jugador: “Si no está a gusto, baja mucho el rendimiento”, y agregó: “Cuando Riquelme está a gusto, es un crack; pero si no es así, su rendimiento baja muchísimo”. Arribó Frank Rijkaard y el, por entonces, ex Boca se fue a Villarreal.
En el Submarino Amarillo tampoco tuvo una buena relación con sus entrenadores. Benito Floro fue el primero que atacó más sobre la personalidad que sobre su juego: “No se le puede decir que sí a todos sus caprichos”, y siguió: “A este tipo de jugadores no hay que decirles que sí a todos sus caprichos. Hay que darles responsabilidad y exigirles que cumplan en el campo”. El español fue reemplazado por Manuel Pellegrini, Con él, fue el mejor Riquelme del viejo continente. Pusieron al equipo en las primeras posiciones de la liga y llegaron a la semifinal de la Champions League 05-06, cuando Lehmann le atajó el penal al ex Barcelona y Arsenal, de Inglaterra, avanzó con un global de 1-0.
La renuncia de Bielsa a la Selección (en 2004) le dio abrió paso a Pekerman. Se pensaba en la continuidad de un esquema, pero no fue así. El exitoso técnico de los juveniles tomó a Román como estandarte y lo hizo dueño del equipo. El conductor declaró: “Es la primera vez que me siento importante en la Selección”. Tras unas Eliminatorias donde mostró algunas pinceladas, llegó la Copa del Mundo. Pekerman confiaba: “Riquelme no nos va a fallar. En Boca apareció en situaciones difíciles y también lo hará en el Mundial”.
Mágica asistencia para Saviola en el debut y el eje del fútbol más puro que se vio en el torneo, contra Serbia y Montenegro. Sin embargo, el enlace no pesó contra Holanda, México ni en el partido contra Alemania, cuando Pekerman se traicionó. Sacó a Riquelme por Cambiasso, a los 72 minutos, 1-0 arriba en el marcador. El conjunto europeo empató y Argentina se fue del Mundial, sin Riquelme (ni Messi) dentro del campo. Maradona –que ya comenzaba sus visitas al vestuario- dio el concepto perfecto de su desempeño: “La realidad es que Riquelme no jugó mal el Mundial, pero no jugó bien, y nosotros queríamos que la rompiera”.
Se fue Pekerman y llegó Alfio Basile, otro enamorado del jugador de Boca. El primer amistoso tras el Mundial fue con Brasil, en Londres. El equipo de Dunga ganó 3-0 y Riquelme jugó muy mal. Nueve días más tarde, renunció por primera vez a la Selección. “Desde que terminó el Mundial, mi mamá terminó internada dos veces y mi responsabilidad es cuidarla”, explicó en el noticiero Telenoche. “Aunque me jode que renuncie a la Selección, yo lo respeto”, sentenció Maradona.
En Villarreal comenzaron los problemas. Tras la Copa del Mundo, al club no le iba bien. A Riquelme, menos: le cortaron los privilegios a mitad de temporada. Se enojó con los dirigentes y con el DT, que lo marginaron del equipo. Acá reaparece Macri. Pagó dos millones por un préstamo de cinco meses. Tomó el riesgo y la apuesta le salió bien. El mediocampista volvió con hambre de revancha y llevó a Boca a ganar la Libertadores de 2007.
Manifestó su deseo de volver a la Selección, y lo hizo en la Copa América de Venezuela. Fue más determinante en los goles que en el juego. Pero como todo el equipo, cayó sin atenuantes en la final contra Brasil (0-3). Debió volver a Villarreal a mitad de año. No jugaba, pero Basile se contradijo y lo convocó para el partido contra el Chile de Marcelo Bielsa. Román clavó los dos tiros libres preciosos de un 2-0 con olor a revancha. Los segundos seis meses de ese año no jugó en España. Pellegrini denunció que no estaba comprometido con el club y volvió a apuntarle: “Si las individualidades se ponen al servicio del equipo, fenomenal. Si quieren estar por encima del equipo, sobran. Riquelme renunció al Villarreal como antes lo había hecho de la Selección argentina”.
En 2008, volvió a Boca, pero en una versión muy diferente a la anterior, con Pedro Pompilio en lugar de Macri. Se mostró (y se muestra) más irritable, con muchos reproches. Las peleas con sus compañeros de Boca no tardaron en llegar. Ya no era el mismo de 2007, era otro. Ya no ganaba los partidos. Trajo el oro de Pekín pero no pudo mantener a Basile al frente de la Selección. A pesar de que no estuvo en el último partido con Chile, sí disputó los empates contra Perú y Ecuador, los que iniciaron el final del ciclo de Coco.
Ahora, renunció, por segunda vez, a la Selección de Maradona, a pesar de que siempre se llevaron de 10. “No tenemos los mismos códigos con el DT y no podemos trabajar juntos, se terminó un ciclo para mí”, explicó, cuando hace sólo algunas semanas decía: “Por el hecho de que (Maradona) ha sido el más grande de todos, me pone muy feliz que él quiera que lleve su camiseta, la número 10. Por suerte, cada vez falta menos para los partidos de las Eliminatorias del Mundial y espero estar ahí, poder usar esa camiseta que tanto me gusta y hacerlo bien”. Diego lo tenía en sus planes, sin embargo, casi sin tiempo, ya planifica el equipo para Sudáfrica 2010 sin él.
Así es Riquelme. Tómelo o déjelo.

domingo 5 de julio de 2009

¿Este es el fútbol argentino que queremos?

¿Este es el fútbol argentino que queremos? ¿Groseros errores arbitrales que definen la final? ¿Un equipo que hace el gol y esconde la pelota? ¿Malos ganadores? ¿Malos perdedores?

viernes 3 de julio de 2009

Plantel Liga Mundial: Argentina-Corea

Este fin de semana, Argentina disputará la cuarta fecha de la Liga Mundial de Voley frente a Corea. Será la primera vez en el torneo que la selección dirigida por Javier Weber jugará en Argentina, y la única en el Luna Park. Como conseguí entrada, y a pesar de que todavía no decidí si voy por la gripe A, preparé una planilla con algunos detalles de los jugadores (Si lo quieren con fotos, manden un mail para pedir el archivo de word):

Armadores: Luciano De Cecco y Nicolás Uriarte

Opuestos: Gustavo Scholtis y Lucas Chávez

Centrales: Alejandro Spajic, Gustavo Porporatto y Gabriel Arroyo

Receptores puntas: Guillermo García, Rodrigo Quiroga (Capitán), Javier Filardi, Facundo Conte, Lucas Ocampo

Líberos: Pablo Meana y Alexis González


-Armadores:

Luciano De Cecco (15):

Nacimiento:2/06/1988

Altura:193

Peso:89

Club: Andreoli Latina Club - ITA

Nicolás Uriarte (5):

Nac: 21/03/1990

Altura: 192

Peso: 82

Club: Mendoza Voley – ARG

-Opuestos:

Gustavo Scholtis (6):

Nac:16/12/1982

Altura: 206

Peso: 87

Club: Al Ain Club – UAE

Lucas Chávez (18):

Nac: 3/04/1982

Altura: 199

Peso: 95

Club: Entre Ríos Voley – ARG

Centrales:

Alejandro Spajic (10):

Nac: 7/05/1976

Altura: 204

Peso: 95

Club: Drean Bolivar – ARG

Gustavo Porporatto (7):

Nac: 7/05/1981

Altura: 199

Peso: 94

Club: Club A. Belgrano – ARG

Gabriel Arroyo (1):

Nac: 3/03/1977

Altura: 194

Peso: 90

Club: Drean Bolivar – ARG

-Receptores puntas:

Guillermo García (14)

Nac: 21/09/1983

Altura: 196

Peso: 78

Club: Drean Bolivar – ARG

Rodrigo Quiroga (9):

Nac: 23/03/1987

Altura: 190

Peso: 87

Club: Edilesse Cavriago – ITA

Javier Filardi (2):

Nac: 7/02/1980

Altura: 190

Peso: 93

Club: Drean Bolivar – ARG

Facundo Conte (11):

Nac: 25/08/1989

Altura: 198

Peso: 90

Club: SP Pallavolo Catania – ITA

Lucas Ocampo (4):

Nac: 20/03/1986

Altura: 196

Peso: 100

Club: C. Medio Ambiente Soria – ESP

-Líberos:

Pablo Meana (17):

Nac:10/06/1975

Altura:187

Peso: 86

Club: Drean Bolivar - ARG

Alexis González (16):

Nac: 21/07/1981

Altura: 184

Peso: 83

Club: Dynamo Moscow - RUS

miércoles 1 de julio de 2009

Los dueños del circo

Max Mosley y Bernie Ecclestone libraron otra batalla contra los equipos de la Fórmula 1 por el límite de presupuesto para 2010. Los jerarcas británicos acumulan 49 años en el poder y controlan las grandes fortunas de la categoría, con un manejo hegemónico de reglamentos y negocios.



La Fórmula 1 superó otra crisis. La pelea entre la Asociación de Equipos (FOTA); el presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), Max Mosley, y el titular de los derechos comerciales, Bernie Ecclestone, por los presupuestos de 2010 parece terminada. Atrás quedaron muchas duras semanas de disputas, donde otra vez sonó la posibilidad de una “categoría paralela”.
La misma amenaza de “otro” campeonato hicieron los actuales dueños del circo, Max Mosley y Bernie Ecclestone, en 1980, por su lucha contra Balestre, al cual finalmente derrotaron. Los británicos transformaron a la F.1 en el espectáculo deportivo y televisivo que es hoy; aunque por otro lado, hicieron grandes fortunas y los cambios reglamentarios no siempre favorecieron al show, como ocurrió este año.
Amigos o enemigos según la conveniencia. Se conocieron en la década del 70 y acumulan 49 hegemónicos años en el poder. Los dos son de orígenes bien diferentes. Uno; de clase baja, y el otro, de una familia aristocrática. Mosley no dudó en venderle por 100 años los derechos de comerciales a Ecclestone, por tan sólo 309 millones de dólares, casi un precio simbólico respecto a los valores que mueve la categoría.
Juntos también, pagaron un millón de dólares para que el partido laborista de Tony Blair exceptuara a la F.1 de las leyes anti-tabaco. A pesar de la relación que los une, el patrón de los derechos comerciales le soltó la mano al presidente de la FIA. El conflicto por la reducción de presupuestos terminó de desgastar la imagen de Mosley, que dejaría el cargo que ocupa desde 1991. Ecclestone, según sus palabras, se quedará 11 años más al mando.
Durante el escándalo sexual del año pasado, Bernie no dudó en pedirle la renuncia a su secuaz. Incluso, por el nuevo sistema de puntuación, que finalmente no se aplicó, tuvieron diferencias. Pero, ¿Quiénes son los dueños del circo? Y ¿Cómo lograron acumular el poder por tantos años?

Mosley, ningún señorito inglés.

Bajo la sombra del nazismo, porque sus padres eran fieles seguidores de Adolf Hitler, Max Rufus Mosley dirige la Federación Internacional del Automóvil desde 1991, cuando en alianza con Ecclestone pudo ocupar el lugar de Balestre. Pero la crisis por el presupuesto de 2010 y el escándalo sexual del año pasado erosionaron su imagen. En octubre, dejaría su cargo tras 18 años. Pero, por sus declaraciones, las dudas sobre otra reelección seguirán latentes.
Nació en 1940, en Londres. Hijo de Oswald Mosley, fundador de la Unión Británica de Fascistas, y de Diana Mitford, otra devota admiradora de Hitler. El mismo líder nazi asistió a la boda de sus padres, que fueron arrestados durante la Segunda Guerra Mundial y vieron frustrados sus sueños de una Europa fascista. De Oswald heredó una gran fortuna.
Max estudió física y se graduó en derecho en 1964. Como piloto, porta un flaco un currículum: corrió pocas carreras en la F.2. Algunos accidentes fatales y la idea de que en un cockpit no prosperaría lo llevaron a abandonar la actividad. En 1969, fue uno de los fundadores de March, productora de chasis y con la cual comenzó a gestionar su ascenso al poder. Tomó el mando de la empresa unos años más tarde.
Llegó a la F.1 en 1970, de la mano de seis pilotos que utilizaron tecnología desarrollada por March. En 1977, sin los avances que pretendía, Mosley renunció, vendió su parte y dio el paso clave: aplicó sus conocimientos en leyes y comenzó a trabajar como asesor legal de la FOCA (Asociación de Constructores de Fórmula Uno), dirigida por otro hombre que comenzaba a forjar su imperio, Bernie Ecclestone. La dupla cambió la historia de la Fórmula 1.
Los dueños del circo le declararon la guerra a la FISA, apéndice de la FIA, en 1980, y firmaron el primer pacto de la concordia. En una reunión con el presidente de la FIA, Jean-Marie Balestre, Mosley volteó deliberadamente una mesa para que Bernie tomara la lista de contactos del rey de la categoría en aquellos tiempos. En ese mismo conflicto –en el que incluso amenazaron con formar una categoría paralela como ocurrió hace semanas- tomaron los contratos de televisación para nunca más dejarlos.
En 1982, Mosley decidió alejarse de las pistas y tomarse un descanso. Evaluó lanzar su carrera política pero no lo hizo. Claro, su pasado familiar hubiera sido un peso imposible de levantar. En 1986, Volvió a la F.1 como presidente de la Comisión de Constructores. Cinco años más tarde, se postuló –con el apoyo de Ecclestone- para la presidencia de la FISA y le ganó a Balestre. En 1993, articuló la fusión de la FISA y la FIA.
Fue cuestionado tras la muerte de Ayrton Senna y en 1998, esquivó otro conflicto. La Unión Europea prohibió el uso de publicidad de tabaco en la F.1. Un duro golpe para los intereses económicos, que hizo que el dirigente británico pensara mudar todos los Grandes Premios fuera de Europa. Ese año, 12 de 17 GP se corrieron en Europa; este año 9 de 17 GP se disputaron en el viejo continente.
En 2005, año de su cuarta reelección, la categoría sufrió uno de los hechos más bochornosos de su historia. Sólo 6 autos corrieron el Gran Premio de Indianápolis. Las escuderías que utilizaban neumáticos Michelin no disputaron la prueba.
El gran escándalo se destapó el año pasado. El diario británico News of the World filmó al presidente de la FIA en una orgía con supuestos tintes nazistas, que el implicado negó. Para obtener la prueba el periódico le pagó a una de las cinco jóvenes mujeres que cobraron por participar.
En el video, de una duración de cinco horas, al dirigente, a sus 67 años, lo azotan con sus nalgas desnudas. Le revisan su cabeza en busca de piojos y, luego, pasa al rol de torturador. Toma el látigo y da numerosos latigazos a dos de las jóvenes mujeres, vestidas con uniformes a rayas, mientras la insulta en alemán, idioma que le enseñó su padre. Algunos de los equipos pidieron su renuncia, por el bien de la imagen de la categoría. Pero la FIA decidió mantenerlo en su cargo. Mosley demandó a News of the World, que debió indemnizarlo con 60.000 libras.
Su familia descubrió de sus propias palabras, que hacía 45 años que practicaba el sadomasoquismo a escondidas. Casi 13 meses después de la publicación del escándalo, uno de sus dos hijos, Alexander, fue hallado muerto en su departamento por una sobredosis.
Y allí sigue, pregonando por la baja de presupuestos y en un casi infantil cruce verbal con las escuderías. Si se va o no, sólo se sabrá en octubre.


Ecclestone, la obsesión por el negocio.

De hijo de un pescador a ser el número 151 en la lista de personas más ricas del mundo, según la revista Forbes, con una fortuna de 3.700 millones de dólares. Dijo que se retirará de la Fórmula 1 a los 87 años. Hoy, a los 78, maneja desde hace tres décadas los negocios de la categoría más importante del automovilismo. Y su obsesión por el dinero nunca se detiene.
Bernard Charles Ecclestone nació en Ipswich, un pequeño pueblo de Inglaterra, en 1930. Sus orígenes fueron dentro de un grupo familiar humilde. Su padre, era pescador, y su madre, ama de casa. Desde muy chico se inclinó por los negocios. Bernie compraba golosinas y boletos de tren, y los revendía a compañeros y amigos de su colegio a un precio mayor.
A los 16 años, abandonó sus estudios para trabajar en una compañía de gas. A los 19 renunció y fundó una agencia de motocicletas. Pocos años más tarde, llegó al mundo de los autos. Condujo un Fórmula 3 algunas competiciones hasta que un accidente lo hizo reflexionar y abandonó la actividad.
Decidió meterse de lleno al negocio y compró la escudería Connaught, de Fórmula 1. En la primera carrera, en Mónaco, sus dos pilotos no lograron clasificarse a la grilla. Ecclestone intentó la heroica. Se subió al monoplaza y falló: terminó en el puesto 28 de 28 autos. El segundo intento, y el vencido, fue en el Gran Premio de Gran Bretaña, donde volvió a quedar último. Tras la muerte de Lewis-Evans decidió abandonar definitivamente. Lo que no se llamaría una carrera exitosa como piloto.
En 1958 vendió el equipo, volvió a las motos y encontró otro negocio redituable: la venta de bienes raíces en la posguerra. En 1971 dio su salto: compró al equipo Brabham, se unió a la Asociación de Constructores –donde conoció a Mosley- y comenzó a construir su monopólica escalera.
Revolucionó la Fórmula 1. Los equipos negociaban por separado y empezaron a hacerlo en grupo. Bernie, un obsesivo del orden, acomodó los calendarios y los horarios de las carreras. Todo con un único objetivo: el show, el espectáculo y por supuesto, el dinero. Los pilotos lo llamaban “El Padrino” y hasta fue indicado como el cerebro del asalto al tren de Londres, en 1963. En 1978, asumió (formalmente) el liderazgo de la FOCA, con Mosley como asesor legal. Sus próximos objetivos eran claros: los derechos de televisación y la presidencia de Balestre.
Los dueños del circo fueron protagonistas de un conflicto en 1980, cuando amenazaron con formar otra categoría paralela. Batallaron contra el presidente de la FIA, al cual le robaron una hoja de contactos, firmaron el primer pacto de la concordia y obtuvieron los derechos de televisación, que Ecclestone nunca se hartó de exprimir.
En 1988 debió dejar Grabham, equipo que con Nelson Piquet al volante ganó dos títulos, en 1981 y 1983. Tras la salida del inglés, el equipo quebró en 1992. Claro, ya no tenía el apoyo del “Padrino”, ocupado junto a su socio del próximo asalto: el puesto de Balestre. En 1991 lo lograron, Max tomó el poder, unificó la FIA y la FISA, y por mucho tiempo no tuvieron un dirigente dentro del mundo automotor que se les opusiera.
El negocio atropelló todo. La muerte de Senna sacudió la categoría. Ecclestone fue el primero en enterarse del fallecimiento del piloto brasileño, pero postergó la noticia para que el Gran Premio de San Marino pudiera correrse.
Junto a su secuaz, intentaron frenar las leyes anti-tabaco que prohibirían la publicidad en el deporte, y por lo tanto, reducirían los ingresos de la categoría. En 1997, se reunieron con el primer ministro Tony Blair, y le ofrecieron 1.7 millón de dólares para que las nuevas leyes no se aplicaran a la Fórmula 1. El escándalo estalló en el partido laborista, que negó haber recibido el dinero con ese fin. El cheque debió ser devuelto a Bernie. Un año después, la Unión Europea (UE) prohibió los avisos. Una de las excepciones fue la máxima categoría del automovilismo internacional, que los mantuvo hasta 2006, tras las amenazas de los dueños del circo de mudar la categoría fuera del viejo continente.
En 1999, se encendió la alarma. La UE acusó a la FIA por su manejo monopólico. Bernie empezó un paquete de maniobras para esquivar cualquier represalia. Todas sus compañías habían sido reunidas en el holding -una compañía que controla las actividades de otras mediante la propiedad de todas o de una parte significativa de sus acciones- SLEC, apócope de Slavica Ecclestone, esposa de Bernie. Legalmente era propietaria, aunque el verdadero patrón fuera el inglés.
Vendió el 75% de SLEC a Kirch, un gigante alemán de las comunicaciones. En 2001, Ecclestone adquirió los derechos de la Fórmula 1 por 100 años, hasta 2101, a tan sólo 309 millones de dólares. Un abuso monopólico sin precedentes. Luego, vendió otro 25% de SLEC y sólo retuvo un 25%. A pesor de eso, siguió tomando, de manera unipersonal, las decisiones del holding.
En 2004 se plantearon dudas sobre su continuidad al mando del manejo de la F.1. Un fallo judicial le dio la razón a Speed Investments, que tenía el 75% de SLEC tras la quiebra de Kirch. Los tres bancos que formaban Speed (Bayerische Landesbank, JP Morgan y Lehman Brothers) reclamaban un mayor control de la compañía, pero claro, Ecclestone siguió al mando. Y en 2005, con el acuerdo un nuevo acuerdo de la concordia (impulsado por Ferrari) calló los pedidos.
Ese mismo año, CVC Capital Partners se quedó con el mayor porcentaje de participación de SLEC. Incluso compró el 25% del magnate lo que hizo suponer que era el fin del imperio, pero siguió en el manejo todas las decisiones.
¿Tiene punto débil? Sí, una mujer, su esposa Slavica, la misma intermediaria de su control en SLEC. Es ex modelo y 28 años menor que su pareja. Se casaron en 1984, se divorciaron y, ahora, ella le reclama la mitad de su fortuna. Podría jactarse de ser la única persona que logró sacarle plata, y en una cantidad histórica.
Todos contratos secretos, porque así se maneja Ecclestone, que sigue allí, como hace más de 30 años monopolizando todo. Y allí seguirá, con sus 158 centímetros, en el paddock, donde controla todo, que no haya intrusos y negociando porcentajes de reparto con los equipos. Toda la logística la domina él, el traslado, la televisión, los equipos participantes y los lugares de los grandes premios de un gran circo que no frena.

Otro golazo de canchallena

El nuevo sitio deportivo de La Nación, Canchallena.com, publicó un video muy interesante sobre la cobertura de los mundiales. Daniel Arcucci, prosecretario de redacción, es el encargado de hacer un recorrido histórico sobre los métodos tecnológicos de las diferentes Copas del Mundo.
Acá está el video (dura aprox. 10 minutos):







Por otro lado, dentro de unas horas saldrá a la cancha el nuevo número de Deportada.

viernes 26 de junio de 2009

Tapa Deportada en construcción.


Literalmente me estoy rompiendo el orto para hacer la nota principal de la próxima revista. No se imaginan la cantidad de cosas que estoy leyendo e investigando para escribir sobre la fórmula 1. Mientras lo hacía se me vino a la mente una frase de Ariel Scher: "No hagan que lea una porquería". Quizás me marcaron a fuego esas palabras.
Dejé la foto de la tapa en construcción.

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